4 junio, 2020

Solo Buen Periodismo

Reivindicamos el compromiso con la sociedad

A la vista de los datos, según avanza la pandemia, cada vez son más evidentes las disimetrías geográficas y poblacionales en referencia a la expansión y afección del virus de la COVID-19. Del mismo modo, y aún cuando es necesario un avance más profundo de la investigación científica, cada vez parece más cuestionable o incierto el origen real de la pandemia.

En los tiempos de la globalización y del internet, en los que los datos abiertos están a disposición de casi cualquiera que quiera analizarlos, la emergencia sanitaria de la COVID-19 ha puesto de manifiesto que estamos ante un virus de expansión mundial, pero que se ha cebado espacialmente con algunos países occidentales.

Aún cuando la primera alarma sanitaria saltó en la ciudad china de Wuhan, que fue quien advirtió a la Organización Mundial de la Salud el 31 de diciembre de 2019 de que se estaba enfrentando a un complejo conglomerado de cuadros de neumonía atípica, los datos más recientes señalan que el virus podría haber estado en circulación y activo varios meses antes en el mundo y especialmente en Europa.Lo más sencillo fue culpar a China del virus, llegando incluso a señalar de forma irresponsable por parte de diferentes noticias sin contrastar, que el virus chino había salido de los laboratorios chinos, bien por accidente o de forma intencionada. Las autoridades occidentales, por su parte, decidieron etiquetar el virus como “neumonía de Whuan”, y como quien nombra algo parece pasar a poseerlo y dominarlo, todos los países dieron por bueno el hecho hasta el punto de que, para la mayor parte de la comunidad internacional, el virus SARS-CoV-2 , es un virus asiático y más concretamente chino.

En un magnífico y clarificador artículo publicado por Daniel Bernabé en el diario Publico, se ponía de manifiesto que la propagación del virus, a lo largo y ancho de Europa y del mundo, tenía más relación con la narrativa europocentrista y especialmente derechista y neoliberal, que con las evidencias que mostraban los datos. En el artículo que referenciamos, su autor hizo un detenido seguimiento de los casos detectados y dibujó, con los datos existentes hasta el momento, un preciso cronograma de la expansión del virus y la COVID-19.

A cinco meses de la detección del virus y a un mes de la publicación del mencionado artículo, las evidencias son aún más claras. Las estadísticas centradas en la casuística de infección, muertes, y especialmente en las tasas de curación y supervivencia, dejan en evidencia a las posturas que tratan de buscar el origen de la COVID-19 en Asia, a no ser que se quiera abordar la propuesta conspirativa del ataque biológico orquestado por China o alguna otra potencia no occidental. Claro está que, de admitir estas teorías, sería necesario explicar muchas más cosas. No hay datos, de momento para defender esta postura ni para señalar taxativa y definitivamente el origen real del virus.

Ahora bien, lo cierto es que, del análisis de la ola de difusión del virus, así como del estudio de las curvas de contagio, muerte y curación, se desprende que este virus ataca principal y mortalmente a la población que habita en los países occidentales. Su incidencia es menor en Asia y en África, lo que no significa que no incida sobre esas poblaciones, sino que su carácter pandémico parece tener una menor incidencia, al menos en la primera oleada del virus, sobre poblaciones o más específicamente, sobre espacios diferentes a los de los países que presentan una mayor casuística.

Estadígrafos países occidentales con mayor casuística de infección

¿A qué responden estas evidencias? ¿Podría existir una resistencia genética en determinados grupos humanos? ¿Podría haber una predisposición, igualmente genética, en otros más expuestos y azotados por la enfermedad? ¿Podría existir una componente latitudinal o un determinismo geográfico asociado a la expansión y mortalidad del virus?

Algunos avances científicos han señalado una posible relación entre la climatología y la contaminación y la expansión de la pandemia. Lo cierto es que algunos tipos de coronavirus parecen no avanzar con la misma velocidad ni tener la misma virulencia en circunstancias de altas temperaturas y sequedad. Sin embargo, como ha señalado el Ministerio de Sanidad de España, no hay evidencia científica suficiente para asegurar estos aspecto.

Sin duda es aún pronto para despejar muchos de estos interrogantes. La ciencia está centrada en el combate de la pandemia y seguramente aún no hay recursos científicos y de investigación destinados al estudio de otra cuestión que no sea el rastreo genético del propio virus y la forma de contenerlo y combatirlo.

Lo más importante en estos momentos en los que el clima de crispación contenida por largas semanas de miedo y confinamiento pueden dar salida a opiniones y acciones xenófobas o alarmistas es precisamente mantener la calma y el sentido común.

Es conveniente hacer un ejercicio de reflexión pausada sobre los datos para comprobar que ahora mismo, la mayor concentración de casos y la geografía del virus está muy bien definida. Que el virus siga conteniéndose y, sobre todo, que no de paso a un virus peor como es el del odio o la violencia, es responsabilidad de todos: ciudadanos, administraciones y sobre todo medios de comunicación.

Desde Solo Buen Periodismo hacemos una llamada a la prudencia y al consumo responsable de información. Recordamos la importancia de mantener las esperas necesarias para que las administraciones puedan ir reaccionando y marcando el camino a seguir.

Estadígrafos países ámbito asiático con mayor casuística de infección

Las gráficas generales y acumulativas de casos de infección, muerte y curación señalan datos tan relevantes como que por primera vez en semanas, ayer todos los países de referencia (entendidos como los que mayor número de casos presentan) mostraron estadísticas positivas con un descenso notable en el número de infecciones y sobre todo un aumento ciertamente significativo en los casos de curación.

Estos datos indican que la onda de expansión del virus está ralentizando su velocidad y lo que es más importante, que los tratamientos contra la enfermedad surten efecto.

El dato de curaciones, sobre el que desde Solo Buen Periodismo hemos llamado la atención desde los primeros días de la pandemia, indica además que la población, pese a los terribles datos de muertes, muestra una notable resistencia ante el virus.

Porcentajes territoriales de infeccciones, muertes y curaciones

No hay que quedarse solo con los datos optimistas. Lo inteligente es, en un caso como el que estamos viviendo, llegar a un consenso entre los datos positivos y negativos de cara a tener la visión más clara y realista posible.

Que Estados Unidos muestre desde hace unos días un aumento diario, lento pero ciertamente significativo y que su Tasa de Curación esté por encima del 13%, es un dato de gran relevancia. Indica que pese al avance del virus, tanto los ciudadanos como el propio sistema están resistiendo el avance de la enfermedad.

Recordemos que, según los estadígrafos, el 10% supone el primer punto de inflexión de la curva. Ese en el que ésta empieza a tomar una tendencia al aplanamiento. En este caso, los datos de Estados Unidos, pese a lo escalofriante del número de infectados y muertos, señalan que la enfermedad empieza a entrar en una fase de contención.

En cuanto a los estadígrafos manejados en la región de influencia de Asia, hay una evidencia clara. Por mucho que se nos repita que los números de China no son reales y por mucho que admitamos que puede haber un número algo más elevado de casos y fallecidos, lo cierto es que la tendencia del resto de los países en su influencia geográfica, confirman unos datos de incidencia mucho menor, tanto en infecciones como en muertes, que en Occidente.

Algo similar extraemos del análisis de los datos del continente africano. Mientras se repiten los titulares alarmistas en los que se barajan increíbles números de posibles futuras infecciones y muertes, y aún teniendo en cuenta que los números han ascendido en las últimas semanas, lo cierto es que todos los países analizados en ese continente muestran una tendencia común: poca casuística de infección, un número relativamente poco elevado de muertos y sobre todo unas tasas de curación dentro de la normalidad.

Estadígrafos países africanos con mayor casuística de infección

Es cierto que en situaciones muestrales como la que vivimos, en los que el universo de muestra es inferior a diez mil casos, la realización de cálculos estadísticos y la obtención de estadígrafos relevantes no es posible. Por eso mismo, los datos del ámbito asiático y del continente africano resultan tan útiles y esperanzadores. Hay una clara evidencia del comportamiento asimétrico de la enfermedad.

Es pronto aún para que tengamos evidencias científicas sólidas sobre esta posible asimetría, pero resaltarlo puede dejar abierta una puerta no sólo a la esperanza sino al entendimiento del comportamiento del virus.

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