24 septiembre, 2020

Solo Buen Periodismo

Reivindicamos el compromiso con la sociedad

El Día de la Tierra bajo el COVID

La Humanidad celebra, en un extraño ambiente de temor y confinamiento, el Día de la Tierra. ¿Hasta qué punto la propia Tierra nos envía su propia advertencia?

La Humanidad celebra, en un extraño ambiente de temor y confinamiento, el Día de la Tierra. ¿Hasta qué punto la Tierra nos envía su propia advertencia?

Como cada 22 de abril -11 de abril en algunos países, pues ni siquiera en este tema parece haber un acuerdo unánime- se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, normalmente conocido como el Día de la Tierra.

El Gran Jefe Blanco de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras” y pasaba a preguntarse “¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña…

Gran Jefe Seattle. 1855

La idea inicial del senador estadounidense Gary Nelson partía de la necesidad de crear conciencia común a los problemas de la sobrepoblación, la contaminación y la conservación de la biodiversidad.

En los tiempos que corren, con una pandemia sacudiendo los cimientos de la sociedad mundial, pero especialmente de la sociedad industrializada y occidental, parece más acertado que nunca reivindicar un día que debería celebrarse, por responsabilidad, cada día del año.

Como otros años, algunas organizaciones no gubernamentales han decidido poner en marcha diferentes iniciativas de las que queremos hacernos eco en Solo Buen Periodismo.

Amnistía Internacional ha creado, bajo el lema ‘Estoy con quienes defienden el Medio Ambiente en México’, un hilo en Twitter, una de sus principales redes sociales, donde narra seis historias de valientes que han muerto en la defensa de su activismo en defensa de la Tierra, al tiempo que destaca cómo la violencia en México contra los activistas medioambientales ha aumentado significativamente.

Nos recuerda las historias de lucha de seis activistas medioambientales mexicanos:

Julián Carrillo, asesinado en 2018 durante la defensa del territorio ancestral de Coloradas de la Virgen (Chihuahua) contra la tala y la minería.

Samir Flores, asesinado en 2019 tras años de colaboración con el Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua y una lucha comprometida contra el proyecto termoeléctrico en Morelos y el gasoducto de Amilcingo.

Ismael Solorio y Manuela Solís, miembros de la organización El Barzón, asesinados en 2012 tras años luchando por la protección el derecho al agua y los acuíferos de la región de Chihuahua.

Manuel Gaspar. Miembro del movimiento campesino y obrero de Puebla. Luchó contra la creación de la subestación eléctrica de la Comisión Federal de Electricidad en Cuetzalan. Murió asesinado en 2018.

Bety Cariño, defensora de los pueblos indígenas y de las mujeres de Oaxaca. Fue asesinada en 2010 junto al activista finlandés Jyri Jaakkola cuando participaban en la caravana humanitaria que trataba de llegar a la comunidad de San Juan de Copala, en Oaxaca.

Juan Ontiveros. Comisario de policía y activista medioambiental. Defendía el territorio y el bosque de la comunidad indígena de Choréachi en la Sierra Tarahumara. Fue asesinado en 2017.

Greenpeace España ha decidido conmemorar el Día de la Tierra con una iniciativa a través de su blog institucional en el que Nanqui Soto, Responsable de las campañas de bosques y empresas y DDHH de la organización, reflexiona sobre la necesidad de aplanar también la curva de la crisis climática y de biodiversidad.

Soto señala lacónicamente que la Tierra es un “planeta dolorido, enfermo y cuyos límites biofísicos han sido sobrepasados” y que “la especie que pensaba que dominaba este planeta, permanece confinada en sus casas”.

Por ello, Greenpeace considera que “el cuidado de la Tierra es más necesario que nunca ya que es la única vía para prevenir nuevas crisis” y que “una vez consolidado el aplanamiento de la curva de la pandemia, urge abordar la crisis climática y de biodiversidad”

Pero la humanidad que habita el Planeta Tierra parece, en su confinamiento, más sordo, ciego y mudo que nunca. La propia sociedad, lanzada a caceroladas políticas, a aplausos diarios y a críticas contumaces de todos los calibres, parece empeñada en seguir viviendo de espaldas a su único y genuino soporte vital: la Tierra.

Porque el ser humano ‘moderno’ cree más que nunca que la Tierra le pertenece y que este planeta no es más que un elemento de uso y disfrute en manos de corporaciones empresariales, gobiernos y agentes financieros.

Hoy se hace más notoria que nunca y más relevante, si cabe, aquella carta que el Jefe Seattle escribió al Presidente Franklin Pierce en 1855 y que comenzaba, casi proféticamente, diciendo:

“El Gran Jefe Blanco de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras” y pasaba a preguntarse “¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña…”

Y también debería serlo para nosotros, hoy, Día Internacional de la Madre Tierra y todos los días de cada año.

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