10 julio, 2020

Solo Buen Periodismo

Reivindicamos el compromiso con la sociedad

©Czuko Williams

EL LADRILLO, UNA VIEJA MEDICINA POLÍTICA CONTRA LA CRISIS

La política vuelve a centrar su discurso salvador de la economía en el lenguaje del ladrillo y el hormigón. Eludiendo las responsabilidades públicas y sociales derivadas de la crisis de 2008, y habiendo aprendido aparentemente poco de aquella crisis, las autoridades han vuelto a centrar la medicina política contra la crisis en la vieja fórmula del ladrillo. Las especulaciones urbanísticas vuelven a hinchar un balón que más que oxígeno contiene helio y amenaza a los precios con dispararse de nuevo, y posiblemente, al mercado a hundirse después.

La Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el Alcalde de Madrid, Jose Luis Martínez Almeida, y la Vicealcaldesa Begoña Villacís,  coincidían hace unos días en señalar que la reactivación del sector inmobiliario y de la construcción en la región de Madrid pasaba por el relajamiento o la directa eliminación de las trabas administrativas. Parece que para algunos políticos, la Administración supone no un escudo contra los abusos, ni un refugio para la salvaguarda de políticas sociales, sino un estorbo para el correcto fluir de la economía.

Isabel Díaz Ayuso, anunció a primeros de mayo un cambio normativo para lograr reducir al máximo la concesión de licencias urbanísticas en la región de modo que se pudiese reactivar la economía, lo más rápido posible, ante los efectos sociales y económicos que previsiblemente vendrán tras el paso de la pandemia de la Covid-19.  La Presidenta de la Comunidad de Madrid, presentó a los medios de comunicación su bálsamo de Fierabrás contra la crisis económica: “la supresión de todas las licencias urbanísticas excepto las estatales que van a ser sustituidas por declaraciones responsables”

Para Villacís, el papel del Ayuntamiento como Administración está cada vez más claro, y señalaba que el Consistorio “no crea empleos, pero sin lugar a dudas puede ser un agente facilitador y estimulador de la actividad económica de una forma muy sencilla: no obstaculizando y facilitando los trámites, eliminando la burocracia y agilizando en todo lo que podamos, tanto las licencias como los expedientes”

El Alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida parece, por su parte, empeñado en centrar la labor del Ayuntamiento en los nuevos modelos de licencias “por fases y provisionales”. Las primeras tendrán por objetivo que se puedan iniciar las primeras fases de una obra de construcción sin esperar a la concesión de licencia de obras completa.

Una de las cuestiones más preocupantes, aunque no la única, es la relacionada con la protección del Patrimonio y del medio ambiente. En el primer caso, el Alcalde de Madrid ha señalado que “se van a agilizar las Comisiones de Patrimonio” -que él bien conoce de su etapa como Director General del ramo en el Gobierno de Esperanza Aguirre-, “de forma que se puedan multiplicar por diez los planes de obra presentados a cada Comisión”

Las pretensiones del Consistorio madrileño coinciden con la propuesta de modificación legislativa en materia del suelo que anunció la Presidenta Ayuso; modificación que según Ayuso “ayudará a eliminar trámites innecesarios u obsoletos para el desarrollo de las actividades económicas, priorizando el mecanismo de declaración responsable que garantizará que la actuación urbanística cumple con los requisitos exigidos por la ley tanto urbanísticos como medioambientales”

Quizás alguien, en alguna escuela o universidad, debería recordarles a estos “administradores” que la Administración es sinónimo de burocracia y que, si bien es cierto que esta jamás debe ser paralizante, su labor es la de velar por los intereses de lo público, no para enriquecer a los poderosos. Quizás alguien debería recordarles, desde dentro de la administración, que la figura del funcionario público se creó para poder decir “no” al poder sin perder por ello el trabajo.

Tal vez la ciudadanía, que pasa por este asunto como el viento sobre la arena, debería comprender que privar a la administración de sus “estorbos” para convertirse en “facilitadora”, es el camino más corto hacia el aumento de desajustes sociales y la pérdida de mucho de lo ganado durante décadas, porque las facilidades de hoy serán la ruina del mañana. La corrupción anida siempre en la covacha del facilitador, del muñidor, del conseguidor de imposibles a costa de lo público.

Los especialistas en materia medioambiental y en la defensa del patrimonio consultados por Solo Buen Periodismo coinciden en señalar que la “declaración responsable” es una forma de exonerar a la administración de su principal labor inspectora. Algo similar a lo que Esperanza Aguirre consiguió hacer con los establecimientos turísticos y de restauración hace años. Coinciden ambos en señalar que el medio ambiente y el patrimonio natural, cultural y arqueológico de la región serán los principales afectados y que estas medidas dejarán sin amparo a numerosos enclaves en los que las constructoras podrán empezar a trabajar sin visado alguno de la Inspección administrativa, más que cuando esta se haga de oficio, algo que, señalan ambos, “jamás suele hacerse en la Comunidad de Madrid”

El sector inmobiliario, el único sector privado de España que tan sólo tuvo que parar sus actividades, en virtud del estado de alarma, una semana, ya ha recibido con notable júbilo el avance de noticias de las administraciones. Júbilo que se ha traducido en movimientos rápidos sobre el terreno.

Un ejemplo notorio de este júbilo indisimulado ha sido la rápida acción de los hermanos David y Simón Reuben, propietarios de la británica Reuben Brothers, que ya hicieron su particular agosto en Boadilla con la liquidación de la Ciudad Financiera del Banco Santander y que ahora promueven la construcción de 650 viviendas y un gigantesco hotel en las 90 hectáreas clasificadas como suelo urbano de uso residencial y hotelero de las 250 hectáreas adquiridas en el municipio madrileño de San Martín de Valdeiglesias y donde pretenden poner en marcha el desarrollo de Canto Redondo. Este terreno linda con el embalse de San Juan, el único navegable a motor y vela de la Comunidad de Madrid y el único de la región que cuenta con una bandera azul para su playa interior de la Virgen Nueva. También cuenta con parajes de increíble valor ecológico y natural, en su mayor parte protegidos por la legislación.

Zona de protección de la Red Natura 2000 en San Martín de Valdeiglesias. Fuente: Comunidad de Madrid

Las cuencas de los ríos Alberche y el Cofio están integradas en una área de especial protección denominado Red Natura 2000. Los espacios protegidos Red Natura 2000 forman parte de una red ecológica europea cuya protección y gestión tiene por objeto el mantenimiento o restablecimiento de la diversidad biológica mediante la protección de los tipos de hábitats naturales y de las especies de flora y fauna silvestres de interés comunitario. En concreto en dichas cuencas, la Red contempla, desde 1989, una Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) y un Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) con una Zona Especial de Conservación (ZEC) que engloba el tramo medio del río Alberche, incluyendo los embalses de San Juan y Picadas, hasta su salida de nuestra Comunidad, y el río Cofio en casi la totalidad de su recorrido.


Estas zonas, con un privilegiado ecosistema y presencia de abundantes especies animales y vegetales de notable interés y valor natural, parecen quedar expuestas ahora a los intereses especulativos. Este interés no es novedoso. La zona de Canto Redondo ya fue objeto de un intento de desarrollo  de un Plan Parcial del sector SU-RA-I Canto Redondo- Pantano de San Juan, presentado por la U.T.E GROPIUS-CARDIMEX, empresa en Concurso de acreedores y bancarrota desde 2011, a causa de la crisis inmobiliaria de 2008.

UNA ADMINISTRACIÓN A DOS VELOCIDADES: LA PÚBLICA Y LA PRIVADA

Que las administraciones de la Comunidad de Madrid funcionan a dos velocidades según se trate de obra pública o privada es cada vez más evidente. Puede cualquier ciudadano desplazarse a los municipios periféricos de Madrid para comprobarlo. Uno de los casos más destacados y preocupantes es el de Rivas Vaciamadrid, donde los acuerdos y desacuerdos entre el Ayuntamiento y la Comunidad ponen a la luz del día las vergüenzas urbanísticas y airean el malestar de los vecinos.

En el municipio ripense, un triste cartel anuncia desde hace dos años la construcción del cuarto Centro de Salud de la red de Atención Primaria, un Centro de Urgencias extra hospitalarias y un Centro de Especialidades en un solar, que sigue siendo, a fecha de hoy, exclusivamente un solar. Cedido el terreno por el Ayuntamiento a la Comunidad de Madrid en 2018 para la edificación de una infraestructura muy necesaria, la realidad propone y la locura urbanística dispone.

Unos metros por debajo de este futurible desarrollo dotacional sanitario, el Ayuntamiento cedió otro espacio para la construcción de lo que debería haber sido un polideportivo público y cuya gestión ha sido cedida a la empresa privada “Supera Fitness”. Esta obra, iniciada más tarde que los prometidos centros de Salud y Especialidades médicas no sólo está prácticamente terminada, sino que tiene incluso las máquinas de gimnasia instaladas y los anuncios de apertura ya colocados en las redes y solo detenidos, de forma parcial, por la COVID-19. Las obras han seguido a buen ritmo durante la pandemia para garantizar el lucrativo negocio. Mientras tanto, en el solar destinado los Centros Médicos públicos, crecen los cardos y las malas hierbas.



Que Supera Anytime S.L., una empresa de gimnasios, muchos de ellos 24 horas, decidiese instalarse en Rivas Urbanizaciones, no es casual. Preocupa más por qué Pedro del Cura, el alcalde ripense, se ha doblegado a esa opción privada tan contraria, en principio, a los intereses anticapitalistas que defiende su coalición de gobierno. Y es que, en política, sobre todo de cara a los ciudadanos, es muy importante los compañeros de viaje que se eligen.

En 2017, el fondo de capital de riesgo Portobello Capital, compró la startup gallega, integrada en la Sociedad Anónima SIDECU, creada en 1993. La Sociedad Limitada Supera Anytime, con seis años de existencia desde su creación en A Coruña, movía entre 3 y 6 millones de euros en ventas. La gestión de la empresa pasó a ser liderada por Fernando Chichurreta Bolláin, formado en JP Morgan, creador de Portobello Capital, junto a alguno de sus colegas expulsados de Ibersuizas en 2010, con los 450 millones conseguidos como indemnización. A principios de 2008, la gestora de capital de riesgo Corpfin contaba con un contrato de exclusividad para presentar una oferta de compra a los accionistas de Sidecu. Entre los accionistas de Sidecu se encontraban Chinchurreta y Banco Pastor, con el 20% del capital. Las partes habían acordado la transacción en abril de 2008, pero en el último momento fueron el propio Chinchurreta y Banco Pastor los que se hicieron con Sidecu. Corpfin demandó a Chinchurreta y al Banco Pastor (absorbido después por Banco Popular) por entender que habían utilizado en su beneficio la información obtenida mediante el estudio de adquisición realizado por Corpfin Capital fingiendo estar preparando la venta de Sidecu. Sidecu ingresó en 2019 más de 47 millones de euros en beneficios.

Tal y como señaló el diario económico Expansión en Marzo de 2020, Sidecu, la compañía de centros deportivos participada mayoritariamente por el fondo de capital riesgo Portobello, cerró recientemente una emisión de bonos en el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF) por valor de 70 millones de euros para la refinanciación de otra emisión de bonos por 55 millones de euros –con un cupón al 6%– que la compañía lanzó en 2015, la distribución de un dividendo de 10 millones de euros y llevar a cabo inversiones de capital en Portugal por importe de 5 millones de euros.

El Centro Deportivo de Rivas-La Luna, ahora gestionado por Supera Anytime, está ubicado estratégicamente entre un conjunto de urbanizaciones donde la media de edad de los vecinos ronda los 35 años. Como hemos señalado, el Centro está pendiente de inauguración, lo cual no evita que como señala Guillermo Druet, consejero delegado de Sidecu, “a pesar de las extraordinarias condiciones del mercado, la operación ha finalizado con éxito y que permitirá a Sidecu continuar con su estrategia de crecimiento en el mercado una vez superemos la actual situación creada por el brote del cornavirus”.

Será interesante conocer la explicación que el regidor ripense tiene para sus vecinos y compañeros de legislatura y será aún más interesante ver en qué se convierte la “aldea gala” madrileña cuando los fondos de inversión, los de capital de riesgo y demás constructoras acaben de mordisquear esa extensión de Rivas Urbanizaciones donde semanas atrás era cada vez más común ver banderas de España ondeando en los balcones y escuchar cacerolas de protesta contra el gobierno central a las 21:00, al tiempo que se iban apagando los impetuosos esfuerzos de muchos vecinos por aplaudir la labor de la Sanidad Pública en Madrid frente a la pandemia.

Pero la voracidad privada que oprime a Rivas-Vaciamadrid no acaba ahí. A escasos metros del nuevo Centro Deportivo privado, una pancarta colgada en la entrada del Centro Educativo (CEIPSO) de La Luna, anuncia, desde hace meses, la emergencia educativa en Rivas por la carencia de Centros educativos y lo que es más preocupante, la inadecuación de las instalaciones de muchos de ellos.

Pero al vecino de Rivas, como al de toda la Comunidad de Madrid, no le pasa desapercibida la realidad. Mientras lo público se demora sine die, algunos bloques de pisos se han terminado casi por completo durante el estado de alarma. Mientras todos los ciudadanos estábamos obligados al confinamiento, se ha edificado por completo en cuestión de meses. Sin dilación. Sin confinamiento. Sin descanso, porque la maquinaria del sector privilegiado del ladrillo no podía ni debía detenerse. “Para lo privado hay unos tiempos y unos dineros que no existen para lo púbico. Y lo preocupante es que estamos en un municipio en el que, aparentemente, gobierna un equipo de izquierdas, preocupado por lo social…aunque quizás solo exista esa preocupación en sus siglas”, señala Jesús, un vecino del barrio de La Luna, en Rivas Urbanizaciones.

Desde hace unos meses, todo el eje de la carretera de Mejorada (M-203) entre la rotonda que linda con Vicálvaro y la que da acceso a Mejorada desde el Cristo de Rivas, es un enjambre de grúas, esqueletos mastodónticos en construcción, nuevos viales y camiones moviendo escombro y arenas. Todo el sector suroeste de Rivas es una obra; una cicatriz abierta sobre los campos verdes de espejuelo y margas.

Hay una evidente intención conurbadora en los desarrollos faraónicos de Ahijones, los Berrocales y el sector de Rivas Urbanizaciones. Una conurbación que presenta una cicatriz de desigualdad tan marcada y abierta como la de la Cañada Real. Un intento de unificación urbana que amenaza con convertir a la descafeinada “aldea gala” en el nuevo Pozuelo del Sur; más con tintes de un Seseña ordenado, pero desde luego lejos del espejismo de resistencia que había en el AND de la Cooperativa de viviendas baratas (COVIBAR) de los años ochenta. Como decía Mercedes Sosa, “cambia, todo cambia”. Y la Comunidad de Madrid, el cambio a peor es cada vez más evidente.

Rivas Vaciamadrid, con una población de más de 88.000 habitantes, repartida en los 67,38 kilómetros cuadrados de superficie del municipio y con un presupuesto de menos de 100 millones de euros anuales, no tiene Comisaría de Policía Nacional, Centro de Especialidades Médicas ni Hospital, pero sí hay más de veinte promociones urbanísticas abiertas en el municipio, muchas de ellas correspondientes a viviendas unifamiliares en las que el precio de venta dejó de ser hace tiempo un incentivo para familias obreras. Quizás el Sur está perdiendo su esencia, o quizás la están comprando; o quizás se trata de una esencia, de un carácter único que nunca existió.

En el sector urbanístico no ha primado la necesidad de aislamiento. No han sido necesarias las mediadas de confinamiento. El sector es considerado el motor económico. Un sector económico que devora el paisaje, modifica los ecosistemas y convierte en un desierto de ladrillo y asfalto el ya de por sí delicado y frágil equilibrio medio ambiental de los sectores yesíferos de las riberas del Jarama y el Manzanares. 

Diversas asociaciones vecinales, ecologistas y conservacionistas llevan años solicitando la detención de los grandes desarrollos urbanos en el sector del Sureste de Madrid. Desarrollos urbanos que amenazan, cada vez más, según estos colectivos, el Parque Regional del Sureste.


Desarrollo urbanístico de Rivas-Urbanizaciones, concluido durante el estado de alarma

La Plataforma por un Sureste de Madrid Limpio y Sostenible , integrada por las asociaciones vecinales La Colmena, PAU de Vallecas, Vicálvaro y AFUVEVA de Valdebernardo, la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos (FRAVM), Ecologistas en Acción de Madrid, ARBA, Izquierda Unida-Vicálvaro y PCE-Vicálvaro, reclaman desde 2015 al Ayuntamiento de Madrid la reformulación de todos los desarrollos del sureste y la creación de una Casa de Campo en ese sector de la geografía madrileña. En la misma línea se centran las acciones de Ecologistas en Acción que ha señalado en numerosas ocasiones la deuda que Madrid, y por extensión la Comunidad, tiene con un sureste en el que se deslocalizaron muchas de las industrias más contaminantes y destructoras del medio natural.

Parece, sin embargo, que la crisis sanitaria de la pandemia de la COVID-19 ha empezado a dictar la normas de la “nueva normalidad”; nuevas normas demasiado parecidas a las viejas fórmulas con las que los gobiernos pretendieron salir de la crisis del 2008, que fue una crisis esencialmente urbanística. Como señalan numerosos vecinos de La Partija y Barrio de La Luna, en Rivas-Vaciamadrid, San Martín de Valdeiglesias o Parla, parece haber en las nuevas soluciones demasiado poso de los viejos modos de hacer y concebir la política, y eso también tiene su claro reflejo en la realidad diaria.

Mientras, y en tanto dure el debate político, las grúas de obra siguen en funcionamiento, las hormigoneras sellando grietas y rellenado pilotes de cimentación sobre los que no se están levantando comisarías, centros de salud, centros deportivos públicos o centros de interpretación dedicados al estudio y preservación del medio natural, sino edificios e infraestructuras de gestión privada y miles de viviendas con las que saturar de vecinos municipios que muestran ya claras dificultades para ofrecer los necesarios servicios públicos que necesita la población. Pero la población es también, por desgracia, un medio de multiplicar los ingresos y las asignaciones presupuestarias de los municipios. El ser humano se ha convertido en la peor pandemia para el Medio Natural, pero esto tampoco es nuevo; esto tiene las mismas decenas de miles de años que el Neolítico, el mayor cambio en la historia de la humanidad, cuando el ser humano dejó de formar parte del medio natural, de pertenecer a él y ser uno más en su interior, para considerarse el propietario de la naturaleza, y de la mano de sus recién inventados dioses de barro, el brazo destructor de todo cuanto había de armonía e isostasia en este planeta cada vez más maltratado y herido.

Parece que el ser humano inteligente, salido de millones de años de evolución, ha entrado en la recesión más letal y en el proceso de involución más preocupante. Salvaremos a la humanidad de la pandemia de la COVID-19. Lo haremos con las viejas herramientas y soluciones de siempre. Las que demostraron no ser útiles en el 2008 y, posiblemente, demostrarán ser también erróneas en 2020. Pero el verano está a la vuelta de la esquina; las fases se suceden en alocado frenesí y los constructores, inversores y salva patrias se frotan las manos. Para ellos, no es momento de pensar, tampoco ahora, en el medio ambiente, en la naturaleza, ni en los ciudadanos.

Cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecer una mejor experiencia de usuario. Al navegar en esta web acepta el uso de las mismas, así como nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies