15 julio, 2020

Solo Buen Periodismo

Reivindicamos el compromiso con la sociedad

España supera el 60% de tasa de curación en pleno cuestionamiento del estado de alarma

Justo cuando los datos indican claramente que las medidas, duras pero necesarias, establecidas por el Gobierno a través del estado de alarma, han surtido efecto, se abre en España el debate acerca de la conveniencia o no de ampliar el estado de alarma.

En un clima de clara crispación política que contrasta con el aspecto festivo de la mayor parte de las calles de España, las fuerzas políticas, tanto aliadas como en la oposición al gobierno, materializan el cuestionamiento que ya anunciaron con motivo de la sesión parlamentaria en la que debían aprobarse las medidas de ampliación del estado de alarma.

Todo parece indicar que la cuarta ampliación del estado de alarma se quedará en la carpeta de futuribles del gobierno o, en caso de salir adelante, lo hará a costa de alguna contraprestación política.

Cierto es que los cuestionamientos de tirios y troyanos han sido constantes y el gobierno de Pedro Sánchez ya sabía, desde hace dos semanas, que la nueva prórroga del estado de alarma se le iba a poner de manos.

Que la medida de confinamiento ha funcionado lo ponen de manifiesto los datos. España ha superado el 60% de tasa de curación al tiempo que se han ralentizado los contagios y se ha minimizado de forma notable el número de fallecimientos. Tampoco es menos cierto que este proceso de evidente mejora se está manifestando casi por igual en todo el mundo, lo cual constituye una evidente noticia para el optimismo. No menos cierto es que algunos de los países que han reaccionado de una forma más tardía en la aplicación de las medidas de confinamiento, también han visto modificaciones en sus datos poco halagüeños, bien porque se hayan incrementado los contagios, caso de Estados Unidos, bien porque la tasa de curación se mantenga baja, caso de Suecia o bien porque el número de fallecidos ha crecido exponencialmente, caso de Reino Unido.

Lo cierto es que las medidas tomadas por el gobierno en España y la conducta mayoritariamente responsable y cívica de la sociedad, ha contribuido a que pese a ser el segundo país con mayor número de casos detectados, seamos el cuarto con mayor número de fallecidos, pero también uno de los países de Europa, después de Alemania, con la mayor tasa de curación.

Todo ello indica que estamos en la senda de los resultados positivos y que más allá de las críticas, que deberán llegar cuando pase la pandemia y se supere la enfermedad, España debería situarse políticamente en el terreno del compromiso y la colaboración.

Índice de tasa de curación en los países con mayor tasa de infecciones por COVID-19

Sin estado de alarma no hay instrumento jurídico que permita la restricción de la movilidad y por lo tanto todo debería volver a, estado previo al decreto del estado de alarma. Todo tendría que regresar al punto de partida.

Pedro Sánchez. Presidente del Gobierno

Los datos manejados por algunos medios de comunicación ponen alternativamente el foco en otras regiones sobre las que vierten análisis alarmistas. Si hace un mes el peligro era inminente para Japón, hace tan sólo unas semanas parece que el foco se ponía en el continente Africano y hace solo unos días en Latinoamérica.

Da más la impresión de que los medios, acostumbrados a un mes de consumo imparable de información sobre la pandemia, temen una caída en su flujo de visitas si no tienen más datos que ofrecer, y más dolor o más duda que transmitir.

Muy al contrario de lo que se señala de forma catastrofista y casi apocalíptica, los datos que publica diariamente la Organización Mundial de la Salud en sus comunicados de prensa, señalan un horizonte algo distinto.

Mientras Europa y el Norte del continente americano aglutinan el 86.67% de los casos detectados y el 92.57% de muertes, la prensa occidental se sigue empeñando en señalar a focos distantes, y ciertamente desprotegidos, como África donde hasta la fecha sólo se han detectado poco más de 30.000 casos y un total de 1085 muertes.

Anunciar el apocalipsis para otras regiones sólo puede tener dos intereses: alejar el foco de la saturante e irreparable realidad de Occidente o cumplir las agendas encubiertas de aquellos que siguen viendo en África el espacio privilegiado para poner en marcha el “buen samaritano” que llevamos dentro.

El problema del continente africano no es la COVID-19. El problema de África es la voracidad de Occidente y de las grandes corporaciones; la voracidad que devora sus recursos y que con una mano aniquila a su población mientras con la otra juega a salvarla.

El problema de los datos y del uso que de ellos hacen determinados medios de comunicación es que tratamos de buscar en escenarios remotos, tanto reales como ficticios, el modo de justificar nuestros errores del pasado, del presente…y de este adelanto de futuro que parece estamos dibujando.

Que España salga o no del estado de alarma y que esta salida represente la disolución inmediata de las medidas de ordenado -e incómodo- distanciamientos social y confinamiento, podrá tener o no su repercusión en la enfermedad. Se podrán multiplicar los casos o no. Porque lo que es imprescindible trasladar a la sociedad es que esta enfermedad y su propagación, no depende de ningún gobierno. Depende de los gobiernos el modo en que se decida luchar contra la enfermedad. En Occidente tenemos opciones tan diversas como la recomendación pública de inyectar desinfectante a los enfermos, difundida por el presidente Trump, dejar la enfermedad y su desarrollo en manos de dios, como propugna el presidente Bolsonaro, o que los países piensen con detenimiento la oportunidad o no de relajar demasiado pronto las medidas de confinamiento, como señala el Director General de la Organización Mundial de la Salud.

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