4 diciembre, 2020

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Españoles en Mauthausen: la vergüenza del olvido

Hoy se cumplen 75 años de la liberación del campo de exterminio de Mauthausen. 75 años que no son de celebración, sino de olvido sistemático y de oprobio. 75 años que deberían pesar sobre el Estado español y sobre el conjunto de la ciudadanía española como toneladas de vergüenza.

El 5 de mayo de 1945, el primer tanque aliado cruzaba las puertas del siniestro campo de concentración principal del conjunto de Mauthausen-Gusen, situado en la localidad austríaca de Mauthausen, cercana a Linz.

Estos complejos austríacos fueron de los últimos en ser liberados por las tropas aliadas en su avance imparable destinado a derrotar al ejército alemán. Los dos principales, Mauthausen y Gusen I, fueron los dos únicos de toda Europa etiquetados como Campos de “Grado III”, lo que significaba que eran los más duros (en realidad “campos de exterminio”) y estaban destinados para los ‘Enemigos Políticos Incorregibles’ del Reich.​

Defender la República era defender la libertad de los trabajadores de España

Virgilio Peña, preso número 40843 del campo de Buchenwald

Mathausen fue el “campo de los españoles”. Pero no fue el único campo en el que acabaron alguno de los más de 250.000 exiliados españoles o los cerca de 9300 españoles y españolas deportados. Más de cinco mil de ellos fueron salvajemente exterminados por la Alemania nazi con el pleno consentimiento de las autoridades españolas.

Esta es la historia que hace cinco años el periodista y escritor español Carlos Hernández de Miguel narró en su obra ‘Los últimos españoles de Mauthausen’; un homenaje a la voz, que empezaba a enmudecer, de los olvidados, y que ahora, cinco años después de la publicación del libro, ha venido acompañada de la presentación de un sentido documental que recoge, básicamente, el testimonio de los últimos dieciocho supervivientes de una de las páginas más negras de nuestra Historia. Sólo uno de ellos, Juan Romero, vive aún. El resto de sus camaradas son el eco de un mensaje sabia, paciente y educadamente recogido por Carlos Hernández en su documental.

No hablaba nunca y nunca se habló de esto hasta que murió José. Solo decía que todas las noches él volvía a Mauthausen

Pierrette Sáez. Viuda del deportado José Sáez

Cuesta pensar que tanto dinero de las arcas públicas dedicado al cine español durante estos 75 años y el Estado no haya podido destinar ni una mísera parte del mismo a construir, antes de su muerte, con la belleza de nuestro séptimo arte, una oda global a la valentía y al heroísmo de quienes, como señaló Virgilio Peña, preso número 40843 del campo de Buchenwald, defendían la República, ‘porque defender la República era defender la libertad de los trabajadores de España’

Pero cuando España se volvió a inventar en 1939, lo hizo sobre las bases tan elocuentes como atávicamente mentirosas de una patria de vencedores y vendidos. Una patria en la que los vencedores escribieron la historia que los vendidos de la Transición rubricaron obviando el sudor y la sangre de los vencidos, de los caídos y de aquellos que permanecieron para siempre en el olvido.

a Franco, al final de la guerra, tenían que haberle hecho pasar internacionalmente como criminal de guerra…pero los americanos, que tenían intereses en el sur de España, lo arreglaron

Ramiro Santisteban, preso número 3237 del campo de Mauthausen

Setenta y cuatro años tardó España en buscar un hueco en su calendario, plagado de devociones religiosas, santorales y días para celebrar la más perentoria de las efemérides, para dedicárselo a quienes lucharon por la libertad de España, contra el fascismo patrio, pero también contra la barbarie del fascismo mundial. Setenta y cuatro años que para todos y cada uno de los exiliados, deportados y exterminados y sus familias fueron y siguen siendo la losa de la ignominia de la madrastra cruel en la que se había convertido la patria por la que lucharon.

Los testigos del horror han sido siempre los verdaderos protagonistas de la Historia. En España, con las bravatas y las prebendas franquistas heredadas por los líderes de la Transición, el ruido de una democracia bastarda silenció la voz de los héroes. El manto de olvido cubrió sus cuerpos y el ruido de la fiesta de la democracia ‘atada y bien atada’ silenció la voz de quienes tendrían que haber sido testigos de cargo contra el asesino dictador. Porque, como reconocía Ramiro Santisteban, preso número 3237 del campo de Mauthausen, ‘a Franco, al final de la guerra, tenían que haberle hecho pasar internacionalmente como criminal de guerra…pero los americanos, que tenían intereses en el sur de España, lo arreglaron’; y lo arreglaron para que, como en otras dictaduras latinoamericanas y del mundo, Franco fuese “su dictador”, como muy bien ha recogido el hispanista Paul Preston en su último ensayo sobre España, titulado “Un pueblo traicionado”

España creó en 2019 el “Día de Homenaje a los españoles deportados y fallecidos en Mauthausen y en otros campos y a todas las víctimas del nazismo de España“. También esta declaración es un oprobio, porque aquellos 4427 españoles y españolas no fallecieron en los campos de concentración, sino que fueron asesinados y vilmente exterminados. Porque las palabras no son inocentes; menos aún en un sentido político.

Hasta la fecha, los sucesivos gobiernos españoles, herederos del franquismo y fundamentados en el pérfido andamiaje del fascismo español, han venido negando el homenaje y el reconocimiento que se les debe a quienes lucharon por el orden democrática y legalmente establecido y la defensa de la República en España y la libertad en Europa.

España ha sido incapaz de juzgar, en casi cien años, a un dictador genocida y a sus cómplices. Esta incapacidad está fundamentada en las poderosas relaciones familiares, económicas y personales que los diferentes creadores de la “nueva España” que nació de la Transición, tenían con el régimen de Franco o con aquellos gobiernos, como el de los Estados Unidos, que lo mantuvieron en el poder.

Los testimonios de estos dieciocho supervivientes, así como la abundante documentación histórica existente, dan carta de naturaleza a la probada complicidad del régimen de Franco y el Reich de Adolf Hitler en el tratamiento como apátridas e indeseables de los exiliados que habían conseguido salvar su vida en la Guerra Civil y huir de la posterior persecución fascista en España.

Pero hay algo que aún no ha asumido España ni los españoles. Si Franco fue cómplice y culpable, los españoles también lo fueron y lo son. Todos y cada uno de los políticos que han tenido responsabilidad en la reparación de las víctimas, y no lo han hecho, son y serán siempre responsables del olvido y el abandono al que sumimos a nuestros compatriotas. También lo somos todos aquellos que, acomodados en el espacio de confort que nos proporciona el “estado de bienestar” creado al calor de aquella Transición, hemos sido incapaces de exigir, por todos los medios posibles, el enjuiciamiento del dictador y sus cómplices, así como de aquellos políticos que dieron por buena la solución que el dictador dejó configurada para España a su muerte.

Como reconoce, con dolor y tristeza, el escritor Carlos Hernández, “la traición más dolorosa fue el silencio que se impuso sobre la historia de los exiliados, presos y exterminados en la Transición”

Duele leer entre líneas, con la incómoda comodidad que da el paso del tiempo, la ironía que supone ver la imagen de la liberación del campo de Mauthausen, con la gran banderola de bienvenida que los presos españoles prepararon para sus libertadores (“Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras“) Pensaban ellos, sin duda, que su liberación era no sólo una liberación personal, sino un paso inequívoco hacia la caída del régimen dictatorial, fascista y asesino del General Franco y por tanto de la liberación de España del yugo (y las flechas) del fascismo. El tiempo les quitó la razón. Ellos siguieron siendo apátridas hasta el final de sus días. Todos, por acción u omisión, les negamos su carta de derecho como notables representantes de España, Porque “el relato de la Historia que perdura tras la dictadura es una mentira creada por el franquismo y no desmentida jamás“, como reconoce el escritor y periodista Carlos Hernández.

Momento de la liberación del campo de Mauthausen

Como señala el hispanista e investigador Jean Ortiz, hay una historia previa a la de los campos de extermino. Es la historia de los campos franceses; esos que recibieron y recluyeron a los exiliados españoles. Campos también de oprobio y muerte; de miseria y olvido,porque “en el pueblo francés, hubo muestras de rechazo y de solidaridad…pero la realidad es que el gobierno francés recibió a los exiliados bajo el estatuto legal de ‘indeseables’ “. Aquellos españoles habían perdido una guerra y muchos de ellos, al menos 14.000 morirían en los “campos de concentración” franceses.

Iniciada la ofensiva europea de Hitler, destruida la línea Maginot y capturada Francia, al menos diez mil de los sesenta mil refugiados españoles que se integraron en la Compañía de trabajadores españoles encuadrados en el ejército francés, acabaron en campos de prisioneros de guerra controlados por la Wehrmacht.

Su historia y su suerte cambiaron el seis de junio de 1940 después de los contactos de Serrano Suñer con Himmler y los mandos de las Schutzstaffel (SS). A raíz de esos contactos, los primeros prisioneros españoles y un buen número de refugiados de los campos de Angulema fueron trasladados a Mauthausen. Fueron los integrantes del convoy de los 927 y los primeros presos civiles trasladados a un campo de extermino en la segunda guerra mundial.

Hay documentos oficiales del gobierno alemán que señalaban al gobierno de Franco la existencia de 100.000 “rojos” españoles instalados en los territorios franceses ocupados por las tropas alemanas e insistían en la necesidad de que el gobierno español se pronunciase acerca de su suerte. Franco se desentendió de estos españoles, desposeyéndolos ilegalmente de su condición y nacionalidad y convirtiéndolos en apátridas, hecho que facilitó que la maquinaria alemana los encarcelase, esclavizase y exterminase a su libre antojo. Todo ante la indiferencia de España.

Pero su historia interesó a pocos en su patria. Los que no fueron asesinados o salvajemente exterminados, sufrieron la peor de las condenas: el olvido.

Hoy el trabajo de Carlos Hernández les devuelve un poco de esa dignidad que jamás perdieron. Nuestra obligación, como ciudadanos, pero sobre todo como seres humanos, es reconocerles la deuda. Porque España no fue mejor sin ellos. Porque España no será mejor sin su memoria.

Pero como señala Adelina Figueras, hija del deportado Josep Figueras, “Si recordamos a los deportados, ellos nunca morirán” Ellos y ellas seguirán vivos, como todos y cada uno de los exiliados que debieron huir de España a causa de una dictadura, pero que jamás regresaron a causa de otra dictadura aún más dolorosa, la de los compatriotas que habían decidido rendirse y reconocer como veraz la mentira mil veces repetida por el Régimen y sus acólitos y voceros.

Ahora vivimos tiempos complejos. Tiempos en los que el extremismo y el fascismo vuelven a corear sus cantos de odio; tiempos en los que se vuelve a hablar de “La Patria”, de las banderas y de la dialéctica de la violencia. Por eso es importante aprender que la democracia se olvidó de todos ellos. Se olvidó de los deportados y de los exiliados. Se olvidó de quienes defendieron el orden legalmente establecido. Por eso, como señala Carlos Hernández, “era importante que no se olvidara su historia, para que nunca se repitiera”. Por eso hacemos nuestra la frase de Pierrette Sáez y llamamos la atención de los más jóvenes, para que “sean muy vigilantes porque lo que pasó ayer, puede volver a pasar mañana”

En memoria y recuerdo de Neus Catalá, Juan Romero, Simóne Vilalta, José Maril, José Alcubierre, Virgilio Peña, Lázaro Nates, Ramiro Santisteban, Marcial Mayans, Esteban Pérez, Luis Perea, Manuel Alfonso, Cristóbal Soriano, Francisco Griéguez, Juan Aznar, Vicente García, Eduardo Escot, Sigfried Meir y las decenas de miles de deportados y los centenares de miles de exiliados a los que España y el mundo, por su lucha contra el fascismo, deben un tributo de respeto y agradecimiento.

Documental

Puedes ver el documental “Los últimos españoles de Mauthausen y del resto de campos nazis“, de Carlos Hernández, aquí

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