24 septiembre, 2020

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Las olas: alarma, pero no miedo

En plena resaca de la incidencia en nuestras vidas del coronavirus, varios países, entre ellos China, empiezan a alertar por lo que parece ser una nueva ola de contagios. Los científicos y la propia Organización Mundial de la Salud ya habían advertido de la posible llegada de una o varias nuevas olas de la infección.


La República Popular China han reportado el inicio de lo que podría ser una nueva ola de contagios en el sector noreste del país. Las autoridades sanitarias chinas han procedido a la declaración de la provincia de Jilin como de alto riesgo.


Dentro de esta provincia, la ciudad de Shulan ha visto elevado el nivel de riesgo de bajo a medio en cuestión de horas después de que se detectase un foco que afectaba, al menos, a once miembros de una misma familia.

El caso de la provincia de Jilin se une a un incremento de casos detectados a lo largo de toda China, que sin ser alarmante, señala un repunte a máximos desde el 28 de abril, con un nuevo caso de infección también en la ciudad de Wuhan, según señaló en su comunicado de hoy la Comisión Nacional de Salud china.

A la vista de los datos de ayer, y atendiendo a la comparativa por días, no se habían advertido en otros países repuntes importantes en el número de contagios que pudiesen llevar a pensar en la llegada de nuevas olas de infección.

Es necesario situar correctamente la información procedente de China, sobre todo con la finalidad de que sirva de advertencia, pero no de alarma. Las nuevas actuaciones de la Sanidad China actúan con celeridad siguiendo los protocolos establecidos tras la primera ola de infecciones. Eso no debe hacernos olvidar que estamos hablando de 14 nuevos casos localizados en un país en el que, durante semanas, no se habían detectado casos de infección.

El número de casos activos, y la evolución de los nuevos contagios, pueden analizarse desde un punto de vista estadístico obteniendo como resultado que las curvas de infección activas en el mundo, y sobre todo las que presentan aún un nivel más elevado de actividad, están comportándose dentro de lo esperado en un proceso normal de contagio y control de una pandemia.

Atendiendo al número de nuevos casos diarios, podemos localizar cuatro grandes focos de nuevas infecciones situadas en el sur y oeste de Asia, en las tres regiones del continente americano y un foco, potente, en Rusia y otro, aún muy activo pero con datos en descenso, en tres núcleos europeos: Reino Unido, España e Italia.


Relación de países con incremento de más de 1000 casos diarios (Fuente: OMS)

No obstante, pese a los datos aparentemente positivos arrojados por Europa, las autoridades alemanas también han coincidido en señalar un leve repunte de casos, según el Instituto Robert Koch para el control de la enfermedad. Este centro, ha señalado en su boletín diario de información que la tasa de reproducción del virus, conocida como tasa R, se habría elevado al 1.1.

A este respecto, el epidemiólogo Karl Lauterbach, advertía hace unos días sobre una nueva posible y rápida expansión del coronavirus, en forma de segunda ola de infección, si se relajaban las medidas de confinamiento.

La Canciller Angela Merkel, a pesar de haber sufrido notables presiones para restablecer las medidas de movilidad, incluida la apertura de comercios y el retorno gradual a las escuelas, ya había previsto que su gobierno contase con una medida para volver a imponer las restricciones a la movilidad si se daba un repunte de casos.

En una situación parecida se ha posicionado el gobierno español, y de ahí la defensa que el Presidente Sánchez ha hecho, durante toda la pandemia, del estado de alarma como medida más efectiva para controlar la movilidad, pero también para reinstaurar rápidamente, si fuese necesario, las medidas de confinamiento en caso de un repunte.

Pese a los ataques políticos que ha sufrido su defensa de esta medida legislativa, parece que la dirección que toma la pandemia podría darle la razón. Así, aún cuando no sea necesario volver a confinar al país, tener a punto y al día la herramienta legal que permite hacerlo parece que se ha convertido en una acción lógica.

El Instituto Robert Koch contabilizó ayer un incremento de 667 casos, pero ha señalado que aún es pronto para hacer inferencias acerca del comportamiento de la curva de infecciones, y sobre todo si ésta seguirá descendiendo, como ha ocurrido en las últimas semanas, o tendrá un cambio de tendencia para situarse de nuevo al alza.

Lo que es evidente es que la amenaza del virus y el rebrote de casos siguen ahí y no es sólo con la buena voluntad y el civismo como se controlará, pero desde luego, tal y como señala la Organización Mundial de la Salud, “mantener las medidas de confinamiento y no proceder a su relajo temprano se ha demostrado de enorme utilidad en todos los casos“.

Por todo ello, la población debe ser consciente, sobre todo en el momento en que empiezan a relajarse las medidas de confinamiento, de que el virus sigue ahí; sigue ahí y está activo y ante su actividad normal, y una vez puestas en marcha medidas de movilidad menos restringida, el principal método que tenemos para luchar contra él son las medidas higiénicas personales, el distanciamiento social y el uso del sentido común.

Habrá que seguir con cautela e interés la evolución del virus, pero habrá que hacerlo sin que el miedo a nuevas olas nos lleve a ceder absolutamente toda la ventaja ganada o a entregar a los poderes políticos, de forma continuada, el control de nuestra libertad de movimiento.

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