13 julio, 2020

Solo Buen Periodismo

Reivindicamos el compromiso con la sociedad

Una Renta básica y universal frente a la pandemia económica y social

Coincidiendo con la publicación por la plataforma social Marea Básica de su Manifiesto, solicitando la creación de una Renta Básica de Cuarentena, en Solo Buen Periodismo reflexionamos acerca de esta controvertida figura económica que se ha convertido en una petición cada vez más común, una promesa cada vez más habitual por parte de las políticas progresistas y al mismo tiempo la bestia negra de los partidos neoliberales del centro-derecha.


El 11 de mayo pasado, la activa plataforma social Marea Básica, convocaba a los medios de comunicación para el lanzamiento de su manifiesto de cinco puntos contra el paro y la precariedad.


Canal Youtube Solidarias

En su comunicado, el colectivo presentaba diferentes manifestaciones públicas llevadas a cabo en España, donde los ciudadanos y las ciudadanas ponían de manifiesto una realidad nada distópica y en la que, la ya existente dificultad de muchas personas por tener trabajo, se ve multiplicada, ahora mismo, por la alerta sanitaria.

Tal y como señala el vídeo que lanzó Marea Básica junto a su manifiesto, la ciudadanía ha descubierto que “lo que necesitamos es una sociedad basada en la cooperación y donde las personas seamos compañeras y no adversarias, pues solo así se podrán evitar las otras pandemias: las de la miseria, la pobreza y la esclavitud

La respuesta a la “pandemia social” para Marea Básica, como para otros muchos colectivos sociales, es la Renta Básica. Por eso, el comunicado promovido por la plataforma ciudadana “es en realidad un SOS social lanzado en pleno estado de alarma”


Detrás de cada rostro hay una historia de sufrimiento. Familias que vivían en situación de fragilidad, han quedado ahora mismo en situación de pobreza extrema, sin recurso económico alguno

Asociación Madrina

La “Plataforma de personas paradas y precarias del Distrito de San Blas-Canillejas de Madrid” señala que a su despensa solidaria está acudiendo cada día un número mayor de familias que no pueden afrontar el día a día por carencia total de fondos. Son esas personas que ya vivían en precario, pero también aquellos que han perdido su trabajo por un ERTE o que, directamente, se han quedado en la calle debido a las medidas de confinamiento establecidas por el gobierno.

A través de su movilizaciones en Badajoz, Merida o Madrid, la Marea Básica reivindica que desde el 11 de mayo se implante en España una Renta Básica de cuarentena. Piden además que esta Renta se vea acompañada de otras cuatro medidas inmediatas como el pago inmediato de los ERTE’s, la prohibición de los cortes en los suministros básicos, la suspensión del pago de los alquileres y la prohibición de desahucios con una moratoria de al menos dos años y la regularización inmediata de todas las personas migrantes que se encuentren en territorio español.

A este nivel, el manifiesto se suma a la campaña #regularizacionYa amparada por 900 colectivos y formaciones políticas como la CUP, Compromis o EH Bildu que solicita la regularización inmediata de los migrantes, sobre todo trabajadoras del hogar y temporeros que se han quedado sin empleo y atrapados en España.

Según Marea Básica, ha llegado, además, “el momento de desconfinar la precariedad e iniciar la desescalada por los derechos sociales“.


En el momento en el que los bancos de alimentos, las despensas solidarias y otras organizaciones de ayuda se ven desbordadas en toda España, la verdadera cara de la tragedia de la postpandemia empieza a asomar la cabeza. “Esta es la punta del iceberg”, reconocen en la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL) ,que confirma que no dan abasto debido al aumento significativo de la demanda de alimentos en toda España. Demanda que ha crecido hasta un 30% más en todo el territorio nacional. Si en 2019, los bancos de alimentos, atendieron a 1.050.684 beneficiarios directos y repartieron 21 millones de kilos de productos básicos en todo el país, la multiplicación de la demanda aboca al colapso a los bancos de alimentos de muchas ciudades.

Este es el panorama que han mostrado los medios de comunicación a lo largo de toda España. Imágenes de grandes colas en diferentes ciudades españolas donde las familias acuden a recoger el paquete básico de la compra. Un paquete que hace unos meses algunas familias podían adquirir, no sin cierta dificultad, por sus propios medios, pero que dos meses después del confinamiento y del decreto del estado de alarma, tienen que venir a buscar a las diferentes organizaciones e instituciones que dirigen los bancos de alimentos y las despensas solidarias.

“Detrás de cada rostro hay una historia de sufrimiento. Familias que vivían en situación de fragilidad, han quedado ahora mismo en situación de pobreza extrema, sin recurso económico alguno”, confirman desde la Asociación Madrina, que además de organizar un banco de alimentos en el barrio de Tetuán en Madrid, reparte más de 2000 menús diarios en colaboración con la Sociedad Estatal de Correos.

Mientras la derecha y la extrema derecha tratan de rentabilizar estas escenas desde antes de la crisis del coronavirus en aquellos feudos políticos donde no gobiernan, como es el caso de Valencia, donde a finales del año pasado, Catalá, Giner y Gosálvez cargaban contra la gestión de Ribó, a quien acusaban de no financiar desde 2016 el banco de alimentos de la ciudad, los mismos partidos minimizan hoy la situación en otras ciudades, como Madrid, donde Comunidad y Ayuntamiento están bajo mandato Popular y donde Begoña Villacís declaró hace unos días que “las colas, responden a una situación puntual


Ante este ruido de fondo, vuelve a resurgir, con cierta fuerza, la petición de una Renta Básica, a ser posible Universal, como prometía defender hace seis años el hoy Vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias y que, una vez en el gobierno, ha tenido que rebajar a un “ingreso mínimo vital europeo“, tal y como señalaba a La Vanguardia la semana pasada en el artículo “Hacia un ingreso mínimo vital europeo”, escrito junto a la italiana Nunzia Catafalco, del Movimiento Cinque Stella y la ministra de empleo, solidaridad y seguridad social portuguesa, Ana Mendes.


Sería importante que se viera la renta básica como una inversión y no como un gasto, ya que ese dinero es dinero que vuelve a la economía

Asociación Gaz Kaló

Foto: Robert Metz

Quizás esa rebaja de “renta básica universal” a “ingreso mínimo” sea uno de esos batracios que el mismo Iglesias reconocía hace unos meses que había que tragarse por estar en el gobierno. Pero lo cierto es que lo planteado en el artículo del diario catalán no tiene mucho que ver con lo que reclaman los defensores de la renta básica universal e incondicional. Además, el artículo firmado por tres políticos del sur de Europa, bien podría ser una de las explicaciones a la aversión y la desconfianza que parte de la “Europa” central y septentrional, muestran hacia sus vecinos del sur y que, a su vez, contrasta con el desprecio con el que miran a los vecinos del Este.

Diferentes países del mundo han lanzado algún tipo de “experimento” asociado a la aplicación de una Renta Básica Universal. Destaca el caso de Finlandia, donde el conservador Sauli Niinistö puso en marcha una medida a principios de 2017, escogiendo al azar a 2.000 personas desempleadas de entre 25 y 58 años para que fueran beneficiadas de este sistema de renta básica universal con 560 euros libres de impuestos y sin tener en cuenta si se encontraban en búsqueda activa de trabajo o no. Pese a los buenos resultados de su aplicación en el país europeo, donde “la medida disparaba el nivel de bienestar de sus ciudadanos, aunque no afectaba realmente a la mejora en las posibilidades de obtención de un empleo“, según el estudio llevado a cabo por Ohto Kanninencoordinador del Instituto de Trabajo para la Investigación Económica, resulta complejo imaginar a políticos neoliberales europeos de la talla de Angela Merkel o incluso a la oposición española liderada por Casado y Arrimadas, aceptando y menos aún fomentando una política de estas características.


Ahora que las papas queman, todos se acuerdan del Estado, y el Estado tiene que tomar medidas. Pero cuando tengo que hacer plata y hacer la mía solo, que no se meta el Estado, ¡por favor!

‘Pepe’ Múgica. Ex-presidente de Uruguay

La propuesta de Iglesias, Catafalco y Mendes, descafeinada para los defensores de la Renta Básica Universal, ha sido valorada para el caso de España en 3.000 millones de euros para el cerca de un millón de ciudadanos que podrían acogerse a ella. Jose Luis Escrivá, Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migración, adelantaba hace unas semanas, después de cierto rifirrafe en el seno del gobierno de Sánchez, que la medida sería publicada en Mayo y se pondría en marcha en Junio.

Para Plataformas como Marea Básica, la medida no llegaría a tiempo, porque la emergencia social está ya entre nosotros. Para asociaciones como Gaz Kaló, además, sería importante que se viera la renta básica como una inversión y no como un gasto, ya que ese dinero es dinero que vuelve a la economía.

La idea que maneja el ejecutivo para la redacción del Real Decreto, que espera aprobar en el consejo de ministros del próximo 19 de mayo y que debe dar cobijo a esta renta, se estima que cercana a 500€ para un adulto, es que el derecho a este ingreso sea independiente a otros derechos como el de la inclusión o el empleo y que esto facilite el acceso a la prestación al tiempo que limite su condicionalidad, que siempre acaba afectando a las familias más empobrecidas o en mayor situación de riesgo social.

Por su parte, la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión social, se posicionaba en abril ante el ingreso mínimo vital, siendo partidarios de la creación de una renta estatal subsidiaria que llegue a aquellos sectores de la población a los que no alcanzan las rentas mínimas, que de momento en España llegan a 300.000 personas.


Naomi Klein alerta sobre la ‘doctrina del shock y el ‘capitalismo del desastre’, que consiste en utilizar crisis a gran escala para impulsar políticas que profundicen sistemáticamente la desigualdad.


Daniel Raventós, creador de la Red Renta Básica, entre otras plataformas y colectivos, como @SpanishRevolution, ya planteaban una Renta Básica Universal contra el coronavirus en abril de 2020.A través de sus redes y de un video colgado en su canal de YouTube denunciaban la sensación histérica y alarmista de los neoliberales cuando escuchan hablar de la renta básica.




La propuesta es clara y se centra en la redistribución de la riqueza a través del IRPF, que tendría un valor impositivo mayor cuanto mayor sea la riqueza del declarante. En definitiva, se trataría de buscar la solidaridad y no la caridad. Un rico no dejaría de ser rico, incluso recibiría también su Renta Universal, pero contribuiría a la riqueza de su país y sus ciudadanos.

El problema más evidente para estos colectivos es que la medida propuesta por el gobierno es insuficiente, y peor aún, podría ser contraproducente a la hora de implementar la Renta Básica Universal. Ahora mismo hay sobre la mesa una Renta Mínima Vital, de entre 400-500 euros, para familias sin recursos, lo que además la convierte en condicionada. Pero además, esta medida tiene una limitación temporal, aplicándose por tres meses mientras dure el confinamiento y la crisis y hasta que se apruebe una más definitiva, si es que llega a aplicarse.

La diferencia entre una Renta Básica Universal y la Renta Mínima Vital que propone el gobierno y que se ha elevado a la Unión Europea, es que la primera plantea el pago mensual de 600 euros para cada ciudadano y residente en España, incondicional e igual para todos, independientemente de su situación social o de sus ingresos. La segunda, no deja de ser una nueva forma enmascarada de caridad institucional, condicionada a muchos factores y sobre todo a la discrecionalidad del burócrata encargado de ejecutarla. Mientras la primera medida demuestra ser un avance social, la segunda no se aleja un milímetro de las políticas ‘buenistas’ de un Estado controlador y dadivoso. Ambas cosas, evidentemente, no son ni significan lo mismo y tampoco dan lugar a desarrollos económicos y sociales similares.

En esta ocasión, se trataría de pedir un rescate a la base y no a la cúspide, como ocurrió en 2008; rescate que los más poderosos y la banca no reintegraron jamás al Estado y que aún pagamos todos los ciudadanos. Rescate que no generó más bienestar social sino que contribuyó a la precarización del empleo y al crecimiento de la brecha salarial y social en España.

Pero es que, además, como exponen y defienden estas asociaciones, el sistema de la Renta Básica Universal reporta muchas ventajas. La principal es que supondría un ahorro notable en burocracia, ya que no habría necesidad de estudiar la concesión de las ayudas ni de hacer un seguimiento de las mismas. Pero además, cuando lo que recibes es un subsidio, el ciudadano que lo percibe suele pensarse si aceptar un trabajo temporal que pueda implicar la pérdida de la prestación y tal vez en un plazo breve de tiempo, la del propio trabajo, quedando totalmente desamparado y a merced de un mercado laboral caníbal.

Resulta evidente que con una Renta Básica Universal, el trabajador ganaría poder frente al empresario. Se perdería el miedo al despido y a quedar en la precariedad absoluta y además se fomentaría el emprendimiento.

Algunos de los principales detractores de esta medida aducen que dar una renta de este tipo acabaría creando una sociedad subvencionada que no buscaría trabajo. Pero eso no es lo que indican los datos. La renta básica, según el estudio El impacto de la Renta de Garantía de Ingresos en Euskadi, realizado en Euskadi por las economistas Sara de la Rica y Lucía Gorjón con motivo de la implantación de la renta de garantía de ingresos, la renta no implica que no se busque trabajo, sino que incentiva a buscar mejores empleos. Además, las encuestas realizadas en Europa señalan que solo el 4% de los encuestados dejaría de trabajar o de buscar trabajo si recibiese una Renta Básica Universal.

El capitalismo actual no garantiza un empleo para cada persona. Además, como señala la Red de Renta Básica, “un empleo no es garantía de una vida digna ni de una existencia libre“. “La propia dinámica capitalista del trabajo empuja al ciudadano a aceptar cada vez empleos más precarizados y a reducir su libertad como trabajador y como individuo”. El modelo actual del trabajo promulgado por las economías capitalistas y neoliberales tiene efectos económicos cada vez más negativos para la sociedad, pero sobre todo tiene efectos cada vez más nocivos y perniciosos para la salud, asociándose la precaridad y el abuso en el trabajo a situaciones crónicas de ansiedad, depresión e incluso suicidio.

En el modelo actual de la economía neoliberal y capitalista mundial, es un hecho demostrado que el 1% de la población acumula tanto patrimonio y riqueza como el 99% restante de la población. Esto es no sólo injusto; es insostenible.

En plena crisis sanitaria, pero sobre todo, a las puertas de la que sin duda será la peor crisis económica y social vivida en el mundo desde la II Guerra Mundial, muchos sectores de la sociedad verán destruidos sus empleos, sus hogares y sus expectativas de desarrollo futuro. Algunos sectores enriquecidos y cercanos siempre al poder, tratarán de que la crisis afecte a y sea pagada por el grueso de la sociedad. Los grandes empresarios ajustarán sus márgenes de beneficio a costa del empleo de millones de ciudadanos y los gobiernos seguirán financiando a aquellos sectores sociales, económicos y mediáticos que consigan mantenerlos en el poder o que les permita alcanzarlo.

Es evidente que en los próximos años viviremos situaciones difíciles de creer. La pandemia actual ha venido a unirse a la destrucción sistemática del medio ambiente. La pobreza, unida al cambio climático, podrían ser un cóctel mortal para el mundo tal y como lo hemos conocido.

Pero tampoco es menos cierto que el poder, en contra de lo que nos transmiten algunos políticos, medios de comunicación y voceros propagandistas, reside en el pueblo. Es la sociedad quien pone a los políticos y es la sociedad quien tiene en su mano la capacidad para llevar a cabo grandes modificaciones en un país o en el mundo. Pero la capacidad para ejercer ese poder implica la asunción de una responsabilidad general. En momentos como los que enfrentamos, tendremos la oportunidad de ver si la sociedad es lo suficientemente madura o está lo suficientemente asustada como para enfrentarse a los poderosos, al sistema que nos han inculcado y empezar a tomar las decisiones correctas.

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